DATOS DE LA AUTORA Elba Fábregas (1928-1984): Nació en Buenos Aires. Egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Alumna de Eneas Spilimbergo y Enrique Larrañaga. Fue profesora de dibujo en el Instituto de Orientación Estética de La Plata. Su primera exposición la realizó en la Galería Van Riel en 1947, a las que siguieron otras muestras: Antígona, Rose Marie, Escuela Superior de Bellas Artes, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, entre otras. Viajó por países de América Latina, Europa y Asia, exponiendo sus obras y realizando funciones de títeres con La Andariega junto a Javier Villafañe. Durante las décadas del 60 y 70 recorrió el país con sus espectáculos unipersonales Juegos recreando las formas tradicionales de los viejos juglares. Ha trabajado en el periodismo radial recopilando la literatura infantil y difundiendo el teatro para niños. El presente volumen fue publicado por primera vez en Quito en el año 1952 y es su único libro de poesía. Elba Fabregas, Piedra demente en la poesía, peregrina de La Andariega, se expresa y realiza con vigor de descubrimiento y de mensaje en toda su obra plástica. Es en sus trabajos a pluma, donde descifra lo trágico, lo heroico, lo noble y lo turbio, de su anhelo de integradora de lo indoamericano. Mantiene en su obra de pintora - conciente e inconcientemente- un impulso de sencillez y sinceridad que se estremece en el palpitar -hombre paisaje- de la entraña de Nuestra América. “Elba Fabregas, con derecho bien ganado -arte de justicia y descubrimiento-, se incorpora a la fe que anima a los artistas de nuestra hora y de nuestro mundo, y ve e interpreta lo que muchos no vieron ni entendieron jamás, porque les faltó amor y les sobró importancia”.
JORGE ICAZA
Quito, 1952
Hoy es mi día, soledad Por qué te llamas tanto en mi nombre, por qué me aprendes de memoria el llanto y te fugas para llegar de nuevo al labio de mi nombre. Blanca loca, delgada, oliendo por los ojos la noche y el perfume. Te has abrazado a mí para encontrarte porque te habías perdido. Mi triángulo está vivo todavía, no emerjas de él, críspate y muere toda. Te echaré por el cráneo como si viva y muerta pudiese ver lo más allá del día. Oh soledad, piedra demente