Nacida en Córdoba en 1921 y fallecida en 2010, Meleck Vivanco publicó siete libros –número cabalístico- y dejó inéditos otro tanto desde 1956, cuando escribió su libro inicial Taitacha temblores hasta la publicación en 2009 de su Antología poética. Sus otros libros publicados son: Hemisferio de la rosa (1973), Rostros que nadie toca (1978), Los infiernos solares (1988), Balanza de ceremonias (1992) y Canciones para Ruanda (1999); mientras que en la lista de inéditos figuran: Plaza prohibida, La moneda animal, Balanza de memorias, Bañados de sereno, Mi primitiva cruza, Los regalos de la locura y Mar de Mármara, (libro que, a partir de esta edición, pasa a formar parte de la lista anterior). A partir de su llegada a Buenos Aires en 1945, Vivanco quedó enrolada en el surrealismo vernáculo.

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canciones para ruanda

6. Carne mía He aprendido de ti Arcoiris que transfiguras la muerte Diezmando el ruiseñor Mis pies revolotean el pan de muerte Labro la desventura con orquídeas que alternan los ventiluces de la selva Los presagios del mar y el abismo satélite que aprendió del asombro Como una tigresa en su cubil que se va desnudando hacia las flores Ruanda no se separa de mi vida mirándome Ahora que su piel se lava con la furia Y ruedan las metrallas como copos de muerte Mi pan de muerte suyo Mi toga funeraria Mi armadura inservible que junta mariposas

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hemisferio de la rosa

IMPERDONABLE infancia: Yo te arriendo tu oro. Tu paz. Tu miel salvaje. Tus simbólicas ramas bajo los aguaceros. Reclamo el sol poblado de terribles fragancias, la fina arquitectura de mis mapas celestes. Hoy que estoy sola y sola. Alta como la muerte. Encaramada al borde del océano seco. Hoy, que en la lejanía no consigo alejarte, y ando sobre los ejes de arcilla y de silencio sola, porque estoy sola. Alta como la muerte. En grises remolinos y entre bocas inmóviles.

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la moneda animal

EL INCENDIO Descansa la impudicia en sillas de esterillado vienés Y dos mirlos resguardan su corazón gemelo en el trino Esta deleitosa costumbre de repicar almácigos en la frescura de la noche Y un especial trasbordador para un purgatorio de espejismos, recala desprevenido en tus nalgas de serenísima bahía Los inocentes deben aprender, que el amor es también una dura pista de pruebas Dólmenes y romanescos se arrastran de cuclillas midiendo la fiebre de los osos Sus concubinas lunares Las hilachas de su fantasía El ojo curvo que los contiene Ahora muerden y descubren primero el carozo picoteado del sexo Y yo ¿Para qué espío detrás de lasmirillas, cuando el incendio me ha borrado los ojos?


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Canciones para Ruanda

Hemisferio de la rosa

La moneda animal

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